viernes, 7 de agosto de 2009

MAPA DE LOS SONIDOS DE TOKIO



El sonido de una pareja de ancianos que han cumplido
sus bodas de oro mientras sorben el té de la mañana en la cocina
de su casa. El sonido de las hojas de bambú casi secas
del parque de Minami Ikebukuro chocando entre sí el pasado
invierno. La carne de un atún de 50 kilos abriéndose
cuando la cortan. La estación de Shibuya, los domingos a
las siete de la tarde. El sonido del hombre que cambia con su
martillo cada noche la configuración de las máquinas de pachinko.
Las manos de Ryu cuando se pone crema de manos.
Ryu cuando no quiere que nadie la oiga respirar. Ryu tomando
un mochi de fresa. Los grillos en el patio de atrás de
mi casa mientras pienso en Ryu. Un disparo, cualquier disparo
.
Ryu es una chica solitaria de aspecto frágil que contrasta con la doble vida que lleva: de noche trabaja en una lonja de pescado en Tokio y esporádicamente recibe encargos como asesina a sueldo.

El señor Nagara es un poderoso empresario que llora la muerte de su hija Midori que se ha suicidado, y culpa del suicidio a David, un hombre de origen español que posee un negocio de vinos en Tokio. Ishida, un empleado del señor Nagara que amaba a Midori en silencio, contrata a Ryu para que asesine a David...
Un ingeniero de sonido, obsesionado con los sonidos de la ciudad japonesa y fascinado por Ryu, es el mudo testigo de esta historia de amor que se adentra en las sombras del alma humana allá donde sólo el silencio es elocuente. "Una joven rubia rusa. Con cara de estar a miles de kilómetros de este oscuro local iluminado por la titilante luz de cientos de velas que se reflejan en las paredes lacadas de negro. Bastante humo. Música tradicional japonesa a la que se han añadido unos beats electrónicos, gongs, tambores y una flauta. Su rostro inerme, el cuello, los pechos, el estómago, el vientre, el pubis, todo el cuerpo desnudo de esta mujer que se llama Sonia, aunque en este local de Roppongi Hills todo el mundo la llama Ashley, está cubierto de makis, nigiris, sashimi y wakame a modo de cintas sobre sus pezones. Alrededor de su cuerpo están sentados unos diez hombres trajeados, japoneses y occidentales, que cogen con palillos las raciones de sushi directamente del cuerpo de la mujer. Todos beben cerveza y sake, algunos, vodka. Hablan alto, ríen, toman fotos con sus teléfonos móviles, acercando la cara de forma ridículamente aviesa al cuerpo de la mujer. Siguen sonando los tambores, los beats electrónicos no hacen más que acentuar el aspecto prefabricado del lugar. En el restaurante hay unas siete mesas como la de estos hombres, y en cada una de ellas mujeres rubias cubiertas de comida. Todos son hombres. Todos sudan.
Todos desean y temen a las mujeres de la mesa. Ellas lo saben y bostezan. Uno de los hombres japoneses, el señor Nagara, el jefe de los demás, come sin muchas ganas. A su lado, su jefe de gabinete, el señor Isoza, le mira preocupado con la expresión de un hijo único que teme perder
en cualquier momento el afecto de su padre.
–¿Tenemos que hacer esto? –pregunta Nagara-san–. ¿Realmente tenemos que hacer esto? ¿Comer sushi caliente encima del ombligo de una mujer?
–Si queremos firmar el acuerdo, sí, tenemos que hacerlo... En fin, sería bueno que lo hiciéramos. Ya sabe que a ellos les encanta este sitio.
–A ellos les encanta todo lo que sea vulgar y gratuito. De todas maneras, con el alcohol que llevan en el cuerpo les daría igual estar en el zoo comiendo perritos calientes. Voy a necesitar bicarbonato el resto de la semana.
–Tenemos que encajar en la idea que tienen de nosotros, Nagara-san. Dentro de media hora estarán tan borrachos que no se darán cuenta si se retira. Nosotros nos quedaremos con ellos.
–Tendría que haber otra forma de hacer negocios. –La hay. Pero no es tan rentable –concluye Isoza-san. Nagara-san mira a Isoza-san con la cara del hombre que es consciente de que ha perdido las ganas de contentar al mundo y a sí mismo. Uno de los occidentales levanta un vaso de sake y grita estentóreamente: «¡Kampai!», todos los de la mesa gritan «¡Kampai!», incluido el señor Nagara, que intentaunirse a ellos con una falta de entusiasmo mal disimulada. Mira al señor Isoza, que levanta su vaso para brindar, como animándole a que haga lo mismo.
El ambiente está lleno de risotadas forzadas. Los occidentales pasan el brazo por encima del hombro de los japoneses, les dan palmadas en la espalda. Los japoneses hacen lo mismo, exagerando al intentar imitarles. Pero hay un momento en que todos, occidentales y orientales, actúan igual. Sobreactúan. La sombra del patio del colegio planea sobre este incongruente festín. Nada tan triste como un grupo de gente forzándose a pasárselo bien. Los camareros van llenando los vasos y reponen la comida sobre el cuerpo de las rubias, que miran el techo con una obsesión cada vez mayor. Como si quisieran descubrir nuevas grietas en él.
Suena el móvil de Isoza-san. Los cinco acordes legendarios de Forbidden colours. Isoza-san contesta. Palidece. Mira al señor Nagara. Asiente. Toda la sangre se le ha ido del rostro. Cuelga el móvil. El señor Nagara está cogiendo con aprensión un nigiri de anguila entre los pechos de Sonia/Ashley. Miraa Isoza-san. Éste traga saliva. Desde el otro lado del cuerpo de la mujer vemos cómo Isoza se inclina a decirle
algo al oído al señor Nagara. La boca de Isoza en el oído de Nagara-san vocaliza algo que no podemos entender porque hay demasiados berridos de hombres borrachos. Silencio. El señor Nagara emite un largo aullido de dolor. Todos se vuelven hacia él. Se levanta. De un golpe, arroja con rabia toda la comida del cuerpo de la mujer, que empieza a gritar también. La comida vuela por el aire. Isoza y un camarero intentan sujetar al señor Nagara, que está completamente fuera de sí. En las otras mesas, los hombres empiezan a tirar la comida imitando de manera patética a Nagara. Otros no dejan de tomar fotos con sus teléfonos móviles. Algunas mujeres salen corriendo intentando cubrirse con servilletas negras, hojas verdes. Gritan. El rostro desencajado de Nagara contrasta con los rostros rojos por el alcohol y las risas de los otros clientes del restaurante, que creen que todo es parte del espectáculo del nyotaimori.
En un instante el lugar se ha convertido en el escenario de una batalla campal. Los makis machacados inundan el suelo. Las mujeres sollozan en un rincón. Los camareros expulsan a los más borrachos del local. El señor Nagara llora amargamente, como si sus lágrimas
hubieran estado almacenadas toda una vida, mientras Isoza intenta contenerlas.
La rubia deja de gritar y mira con perplejidad a los dos hombres abrazados, mientras se limpia la salsa de soja de la cara y el cuerpo. Una mujer se corta un pie con los fragmentos de una botella de Kirin que se ha roto en el suelo. Mira la sangre que se derrama en la alfombra como si no le perteneciera."
map of the sounds of tokyo
ficha técnica
Dirección: Isabel Coixet
Producción: Jaume Roures
Guión: Isabel Coixet
Dirección de fotografía:Jean Claude Larrier
Música: Aytor Berenguer, Fabiola Ordoño y Marc Orys
ficha artística
Ryu: Rinko Kikuchi David: Sergi López Narrador: Min Tanaka Yoshi: Manabu Oshio Nagara: Takeo Nakahara Ishida: Hideo Sakaki
datos técnicos
Título Original: Map of the sounds of Tokyo España 2009 100 minutos

La película se compone de imágenes y sonidos (y silencios) de fuerte composición poética. Ya que un guión cinematográfico no debe permitirse ciertos excesos narrativos, su autora ha decidido publicar una obra complementaria que pudiera contener todos estos elementos. Olores, sabores, sensaciones, pensamientos que completan la postal de la relación entre David y Ryu y sus trágicas circunstancias.
EL LIBRO Mapa de los sonidos de Tokio está escrito por Isabel Coixet y nos ofrece el sutil y vibrante relato que dio lugar la película, una historia que nos habla, a la vez, de la soledad, la melancolía, la pasión, y el dolor en Tokio. NARRATIVA (F). Novela Julio 2009 Andanzas CA 698 ISBN: 978-84-8383-171-7 120 pág. 12,98 €

Un relato irrefrenable de una historia de amor con Tokio como telón de fondo.
El suicidio de la joven Midori deja trastornado a su padre, el señor Nagara, un rico empresario japonés que no puede resistir la pérdida de su hija y busca ciegamente una venganza. También a David, su novio, un catalán que regenta en Tokio una tienda de vinos y que es incapaz de olvidarla. Tal vez para superar su angustia, David inicia una relación con Ryu, una chica solitaria y enigmática que aparece en su tienda y con la que empieza repitiendo los paseos y los rituales de su antigua novia, para acabar entregado a una pasión sexual desesperada. El testigo, y narrador, de esa peculiar historia de amor es un ingeniero seducido también por Ryu y obsesionado en grabar los sonidos que la envuelven en las más diversas situaciones, desde Tsujiki, la bulliciosa lonja de pescado de Tokio donde trabaja por las noches, hasta los cementerios que le gusta visitar los domingos. Tanto él como David ignoran, sin embargo, que la misteriosa Ryu tiene una ocupación esporádica, la de asesina a sueldo.
Organizada a partir de las cintas grabadas en los diferentes barrios de Tokio, que trazan el fascinante mapa de los sonidos de la ciudad, la narración se vuelve irrefrenable a medida que se ordena el rompecabezas desesperanzado y trágico de las relaciones entre los personajes. Como telón de fondo, y en palabras de Isabel Coixet, «la vibración casi material que emite la ciudad de Tokio durante la noche: una mezcla de expectación, misterio, sombra y dulzura que deja una huella imborrable». También, cómo no, el homenaje a las novelas de Haruki Murakami y Banana Yoshimoto, y a la cultura japonesa.
NOTAS BIOGRÁFICAS
Isabel Coixet (Barcelona, 1962) se licenció en historia por la Universidad de Barcelona. Antes de convertirse en cineasta, trabajó como periodista en la revista Fotogramas. A su primer largometraje, Demasiado viejo para morir joven (1988), siguieron Cosas que nunca te dije (1996), A los que aman (1998), Mi vida sin mí (2003), La vida secreta de las palabras (2005), Elegy (2008), adaptación de El animal moribundo de Philip Roth, y Mapa de los sonidos de Tokio (2009), estrenada en la sección oficial del Festival de Cannes 2009, ganadora del Premio al Mejor Sonido y ya vendida a varios países. Coixet ha logrado con su filmografía, aparte de varios premios y una creciente proyección internacional, consolidar su prestigio como autora, dueña de un inconfundible universo personal. El libro que el lector tiene en sus manos surge del guión de la película del mismo título, y nos ofrece un relato vibrante e inteligentísimo de las vidas entrecruzadas de varios personajes, que nos habla, a la vez, de la soledad, la melancolía, la pasión y el dolor en la ciudad ultramoderna por antonomasia.

In the mood for love de Wong Kar Wai
Isabel Coixet

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